Cuaderno

Lecturas que no son solo para el verano 🏖️

«Supongo que nunca nadie se ha quedado tanto tiempo dijo la señora Martin. Por lo menos, no después del Día del Trabajo.»

Llegamos a finales de julio, a pocos días de empezar nuestro paréntesis vacacional. A estas alturas del verano, los Alisson llevan ya semanas instalados en su casita de verano, situada a once kilómetros de la población más cercana. Sabemos que se trasladan allí cuando termina la primavera y que, invariablemente, regresan al término del Día del Trabajo (el primer lunes de septiembre en Estados Unidos). Sin embargo, durante su decimoséptimo verano, la pareja decide cambiar la fecha de su tradicional partida y alargar las vacaciones, liberada de obligaciones y compromisos en la Gran Manzana. Así comienza Shirley Jackson su perturbador relato «Los del verano», incluido en el volumen ilustrado Cuentos oscuros.

Nosotras, antes de irnos, volvemos una vez más a las páginas que nos han acompañado durante todo este tiempo y hemos pensado que quizá os gustaría recibir un resumen de las publicaciones del primer semestre. A la vuelta de las vacaciones, que confiamos en que sean bastante menos inquietantes que las de los Alisson, ya habrá tiempo de hablar de los libros que vendrán en la segunda parte del año.

En 2026, hasta la fecha, han visto la luz:
Adelaida sabe que su vida ya no corre peligro, pero no sabe qué le espera en su nueva morada, si podrá quedarse en Italia o se verá obligada a partir de nuevo. «¿Cuántas veces más tendré que nacer?», se pregunta.
Adelaida, Adrián N. Bravi

[…] Adelaida Gigli, aquella de la que se dice que delataba todas las imposturas, hasta la de decir “Buenos días” para que la verdad también alcanzara lo nimio, lo dado por menor y cotidiano, la [considerada] la gran trágica de su época y la más radical es, en realidad, Todamemoria.

María Moreno

Una obra de una belleza extraordinaria (mucho más que una biografía). Bravi, con Adelaida, nos regala la historia de una mujer única que ningún lector olvidará jamás.

Romana Petri

Me habían mentido haciéndome creer que mi lugar era el hypokhâgne, me había mentido a mí misma creyendo que me correspondía la vía real. La igualdad de oportunidades, la escuela de la República, el pastel de la élite era francamente indigesto. No volvería a comer. El ascensor social al que había subido me daba vértigo y arcadas. No volvería a cogerlo.
La edad ridícula, Maryam Madjidi

Suya es la odisea de quien corrió tan lejos como para saber que los dados de la partida siempre estarán trucados sin importar el lugar y, aun así, regresa al punto de partida por la convicción de poder romper con esa profecía autocumplida. Su voz ni es margen ni cuneta, es pura resistencia.

Noelia Ramírez, Babelia

Lejos de abrazar el fracaso, convierte las promesas incumplidas en una expresión de rebeldía: (…) se autoafirma desde el rechazo, desde el estigma, desde la exclusión. Su literatura no nace de la asimilación, sino desde una extranjería aceptada y reivindicada.

Anna Maria Iglesia, Abril

Cuando el sol está alto en julio, corriendo por los prados el hombre se detiene porque la respiración está llena de un veneno y de un calor tan dulce y fuerte que tiene que tumbarse al sol y dormir. Cierra los ojos, y los párpados le llamean como un cielo ardiente, y por todos lados se elevan llamaradas inmensas que van tambaleantes de un árbol a otro. El aire tiembla inquieto en la aridez. Pero me levanté furioso y corrí por el campo, gritando como un halcón que ha dejado por primera vez su nido.

Mi carso, Scipio Slataper

Un texto de belleza estremecedora y de valía incalculable por el riesgo que el autor asume y por la forma imperceptible de ir ampliando los gestos y caminos de la literatura.

Joan Benesiu, La Veu dels Llibres

Fue Scipio Slataper el más brillante de los jóvenes de la malograda generación de Trieste. […] Porque Mi carso no solo dibuja con genio poético el nervio de este enclave multilingüe, sino que en cuanto al estilo crea un cruce pasmoso —para la época— entre ficción, autobiografía, poesía y ensayo. […] Su libro opera un milagro: revivimos en un instante atemporal la totalidad de la existencia de Trieste.

Enrique Vila-Matas, Babelia, El País

—Una, dos, tres luces.
Es lo que ella me decía, lo que tantas noches me dijo mientras estábamos sentados, después de cenar, en la terraza con vistas hacia el sureste de la bahía, hacia el arco largo y de suave ángulo que dibuja la playa desde Can Pastilla a El Arenal. Tres luces, me decía las noches de verano, y yo las buscaba en la línea de costa y acababa perdido, con la mirada vagando entre las farolas del paseo marítimo, mientras jugaba a unirlas mentalmente y dibujar constelaciones imposibles, preguntándome cuáles serían, dónde estarían esas tres luces originales.
Un hombre sin paisaje, Juan Pablo Caja

El primer momento del libro sintetiza de maravilla la aceleración que ha vivido el territorio turístico en muy pocos años. […] Muy tierna, muy melancólica, muy nostálgica, pero recuerda muy bien cuáles son las dinámicas de poder que mueven el mundo. […] Es un fresco que te da un pedazo vivo de nuestra tierra.

Josep Maria Nadal Suau, IB3

Es este un libro de momentos que hace un repaso del antes y el ahora desde el bucle en que se halla el autor, entre el embalaje de la partida y el retorno a las menudencias. Todo está en esas luces, las que contaba su madre, las que nunca pudo contar él y la que deja encendida a su partida.

Aránzazu Miró, Diario de Mallorca

No solo para el verano
El verano infinito es esa música: un réquiem por una estación ligera como el helio que sucumbió a la fuerza de la gravedad. Su mezcla de nostalgia, ensueño y tragedia nos recuerda por qué desafiamos al destino para disfrutar plenamente de los momentos fugaces e inesperados de la vida.

Scott Esposito, The New York Times

Es difícil describir el asombroso logro del arte de Jansson […]. Leer esta novela es como mirar a través del agua clara y ver, de repente, el fondo.

Ali Smith

Nada puede mitigar la incandescencia de esas conversaciones que tuvieron lugar durante unos meses de 1926, cuando, entregados uno al otro, se hacían imposibles, gloriosas exigencias.

Susan Sontag

Lo que quizás me deslumbra de Odojewski y Vigevani […] sea la difícil, primorosa claridad y elegancia con que trenzan episodios vitales hechos literatura. Vistos desde esta perspectiva son una maravilla, creo que imperecedera. De manera que si ceden a la tentación de leerlos, seguro que no los van a olvidar.

Robert Saladrigas, La Vanguardia

¡Buenas lecturas y feliz verano!